WhatsApp la aplicación más famosa del mundo, o por lo menos la que más se está usando en nuestro medio, ha pegado tanto y la causa puede además de ser práctica, gratuita y novedosa, el nombre pegajoso que suena como el conocido dicho americano: ¿what’s up, men?, que bien podría significar, tal cual, ese saludo común: ¿qué pasa, hombre? Qué está pasando? Una pregunta casual y habitual cuando llamamos por teléfono a una persona de nuestro círculo de amistades y que es justamente lo que se hace con este sistema de mensajería instantánea.

Esta herramienta tecnológica se ha vuelto indispensable y, sobre todo, obligatoria en la vida de las personas. Te miran raro si no la tenés, y es que, claro, no se puede entender el mundo de hoy sin un mínimo de cultura informática, y el whatsApp está de moda desde hace rato.

Debo confesar que hace poco tiempo me reivindiqué con el mundo moderno y dejé de vivir en la prehistoria -me puse whatsApp- el poder comunicarme fácilmente con todos los contactos, amigos y familia con el añadido de poder enviar libremente contenido multimedia, fotografías, videos, sonidos fue lo máximo, pero, créanme, casi enloquezco, arrepentida de contar con tanta tecnología, porque significó un patrón aparte las primeras semanas. Cuando comenzaron a llegar con gran emoción recibía los primeros mensajes, reía y compartía… Luego, ya en la oficina, el silbidito era insoportable porque me perjudicaba.

Convengamos, no lo critico ni digo que sea malo tenerlo, es buenísimo, pero cuidado, el whatsApp nos vuelve sordos, mudos y transparentes, creemos que estamos solos y nos desconectamos de la realidad, lo que es perjudicial y hasta malcriado. Nada mejor que las expresiones oídas, mejor cara a cara, claro está, porque de manera escrita son más frías

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